Sr. Gallardón:Los ciudadanos que durante años le hemos sufrido en Madrid ya sospechábamos que sus principios, hablo de los políticos, eran muy claros pero que, haciendo buena la célebre frase de Groucho Marx, en caso de que no gustasen también tenía otros. De no otra forma se podría explicar su repentino paso de un discurso cuasi-progresista a otro tan reaccionario.
Pero también teníamos por evidente que usted es de esos políticos que, como se suele decir, no da puntada sin hilo. Es así como, con su último escándalo dialéctico, ha conseguido que no se hable del fracaso electoral del PP en las últimas elecciones autonómicas, del nerviosismo de Bruselas sobre la acción del gobierno al cual pertenece y del recrudecimiento del discurso soberanista de la derecha catalana.
Lo lamentable es que para ello tenga que dar el espectáculo, haciendo gala de una tan vulgar como vacua intelectualidad, denigrando de una forma tan vejatoria a la mujer, tratándola como un simple medio para la consecución de un fin, como un vientre mecánico destinado a la reproducción de la especie humana. No, Sr. Ministro, el ser humano, tanto hombre como mujer, es un fin en sí mismo.
No sé si entre sus planes se halla el de reescribir en parte el guión y protagonizar una versión política de la célebre película de Con él llegó el escándalo, pero, por atesorar mucha más clase que usted, yo prefiero a Robert Mitchum.
1 comentario:
El cara más cara con la deuda más cara y un palacio. Su vida en un puto palacio y el pueblo a pagar. En el pueblo en lugar de cara dirían JETA.
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