El pasado día presentó su dimisión de su puesto en el Instituto Nacional de Física Nuclear italiano Antonio Ereditato, el responsable de la investigación que aseguraba que la velocidad de los neutrinos era superior a la de la luz y, por consiguiente, falsaba uno de los postulados básicos de la Teoría de la Relatividad de Einstein. Tal se ha producido por la presión de sus propios compañeros investigadores.Sorprende que un error, cometido desde la buena fe, se salde con una dimisión cuando, en el caso menos grave, la ineptitud de los cargos de los diferentes poderes del estado, sean políticos o funcionarios, conlleven siempre el ataque al denunciante y el respaldo sin fisuras de sus compañeros de estatus. Al fin y al cabo, el que los neutrinos sean más o menos veloces no interfiere en la vida cotidiana de los ciudadanos; la acción del Estado, en cualquiera de sus variantes, tiene una repercusión inmediata.
Así pues, como conclusión, la función pública debería volver sus ojos hacia la ciencia para imbuirse de la ética de la que adolece. En cuanto al investigador dimitido, y como en su día dijo John Kenneth Galbraith, «aunque todo lo demás falle, siempre podemos asegurarnos la inmortalidad cometiendo algún error espectacular».
Este texto ha sido publicado en la sección de cartas al director del diario El PAÍS el día 3 de Abril del presente año PINCHA AQUÍ y en LA VANGUARDIA del día siguiente PINCHA AQUÍ
2 comentarios:
David,
creo que aquí una de las diferencias, respecto al poder estatal, es que denunciantes y compañeros son la misma cosa.
Un saludo
Sí, eso es cierto, Odón; pero por ello todavía es más sangrante que los compañeros de la función pública no sean denunciates a su tiempo.
Gracias por tu aportación, saludos!
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