viernes, 10 de febrero de 2012

Desobediencia civil

Salvando las distancias, pero por dejar una idea clara, también el III Reich se configuró como un Estado de Derecho en el que la administración quedaba encauzada normativamente y los tribunales aplicaban la ley. Legales fueron las incautaciones de las propiedades de los judíos y la esterilización de los discapacitados mentales, por ejemplo; pero, con esas mismas distancias que hemos salvado, podemos decir que fueron contrarias a todo concepto de justicia.

Cualquier jurista, o persona que tenga un mínimo conocimiento de derecho, podría explicar en base a la ley por qué Baltasar Garzón, el juez que instruía el caso Gürtel, ha sido condenado por ordenar las escuchas entre los presuntos corruptos y sus abogados al tiempo que en quien confluían todas las evidencias para ser la cabeza visible de toda esa trama, el señor Camps, ha sido exculpado. Puede explicarlo, ¿pero podría justificarlo en base a una escala de valores morales? Podría decir que sendas decisiones judiciales son conformes a derecho, ¿pero podría decir que con ellas se ha impartido justicia?

Decía un aforismo romano que el exceso de derecho provoca injusticia (Summum ius, summa inuria). Cuando existe una disociación tan clara entre la estricta aplicación de la ley y la justicia, cuando, en definitiva, el Estado de Derecho no es garante de la Justicia, a la ciudadanía solo le queda el recurso de la desobediencia civil, la oposición frontal ante un estado de cosas, el de las instituciones legalmente establecidas, que conculca los valores morales asumidos por la mayoría.

PD: Intranquiliza pensar, ante situaciones así, que pudiera salir adelante la reforma de Poder Judicial propuesta por Gallardón y que la elección de los miembros del CGPJ quede atribuida a los jueces.

6 comentarios:

Maria Jesus dijo...

Muy bueno tu comentario,amigo David.La verdad es que expresas muy cultamente lo que casi nos incita a ser comentado más con las tripas.Y sabes que yo de corazón... tal vez abundo pero de tripas poco.Pero estoy absolutamente aterrada y conmocionada con lo que sucede en nuestro País.Un abrazo.
María jesús

David Carrascosa dijo...

Gracias, Maria Jesús. Diría que es un páis de chiste si no fuera por la gravedad de la situación en la que nos encontramos. Casi era mejor el franquismo, por lo menos no se mentía a la gente como se hace ahora. Bueno, saldremos de esta.

Ricardo Tribin dijo...

Estimado David,

Y no hay nada mas que duela que la injusticia.

Abrazo especial!!!

V. dijo...

Para empezar he de decir que no estoy de acuerdo con la sentencia que han dicatado.

Desde mi punto de vista, los señores magistrados me parecen que han vulnerado el principio de imparcialidad que deben de tener en el proceso.

Pero claro, esa es mi opinión... no creo que no tuviesen ningún vinculo desafectivo/afectivo -este último lo dudo mucho-...

Me parece humillante lo que ocurre con la justicia española, me parece indignante que estando esos jueces y magistrados legitimados por nosotros, la soberanía nacional, dicten sentencias como esta, donde lo único que hacen es velar por el no funcionamiento de la justicia.

En fin... Espero que esta situación empiece a cambiar pronto.

Un saludo.

Helena Meler Puyal dijo...

Flaco favor le están haciendo a la justicia con estas actuaciones... No me lo podía creer lo inhabilitaron un 23F, (¡qué siniestros!) después dicen que no hay saña. (Es dramático que un país no pueda confiar en su justicia). La sensación de desamparo ante esta sentencia que inhabilita a Baltazar Garzón es casi peligrosa en un sistema democrátrico y de derecho.

La reforma del poder judicial que propone Gallardón, me parece una aberración, estos no paran de diseñar el Estado a su antojo.
Con la reforma laboral están consiguiendo que todos los que no sean de su casta sean esclavos. ¿Qué será lo siguiente? ¿Cuánto tiempo creen que seguiremos tragando hostias como ruedas de molino?

Bikos.

Enrique Gracia Trinidad (EGT) dijo...

Cada vez deberíamos hablar más de Ley.
Decímos "La justicia está mal en España" y nos equivocamos en parte porque no es la justicia a lo que nos referimos, sino a la ley, a las leyes, a su aplicación, a la creación partidista de ellas que hacen los legisladores y la aplicación partidista que hacen los jueces.
Cuando en una sociedad la ley está por encima de la justicia, de lo justo, del sentido común, es que esa sociedad ha llegado a la etapa más grave de su enfermedad. Por ahí poenso que andamos.
Gracias, David, por este magnífico blog.