jueves, 19 de enero de 2012

¿Quién fue Tristán Falcó y Álvarez de Toledo?

Muchos vecinos del distrito se hacen esta pregunta paralelamente a la que inquiere por su hermano, Manuel, junto al que le es dedicado el nombre de la plaza de Barajas desde, aproximadamente, 1950. Así lo atestigua la placa colocada allí por el Ayuntamiento de Madrid en 1962, la cual es hoy día considerada por el Consistorio como monumento conmemorativo de la ciudad. Pero volviendo a la pregunta, quién se la haga pronto podrá encontrar respuesta entre las páginas del libro de inminente publicación “Asesinaron la Democracia”, de Carlos J. Domínguez, del cual hizo un avance el periodista Marco Romero el pasado día 16 de enero, en un artículo titulado “Nombre y rostro de un asesino”, en lo referido a la figura de Tristán Falcó.

Hasta ahora la figura del que fuera Conde de Barajas había sido configurada a través de la mitología del franquismo como un héroe caído por la causa que defendía, Dios y España. Así se hace notar en el artículo titulado “Gloria y luto del Palacio Fernán Núñez”, publicado el 1 de abril de 1939 en la edición madrileña del diario ABC. Veinte años más tarde, el 28 de febrero de 1959, la edición de Sevilla del mismo diario volvía a ensalzar su figura en el artículo “Estos cruzados” en el que se le relacionaba con la Orden de Calatrava: «muertes heroicas al frente de sus soldados, como la del calatravo teniente provisional Tristán Falcó y Álvarez de Toledo, conde de Barajas, premiada con la Medalla Individual Militar».

El libro de Carlos J. Domínguez aporta algunos datos biográficos que, habiendo estado sepultados durante años, ayudarán a los interesados en la historia a rescatar de la neblina del mito la figura de Tristán Falcó. Precisamente, es a raíz de un singular documento que constata su destino como alférez provisional en León a principio de la Guerra Civil española, cuando contaba con 25 años de edad, el autor reconstruye el semblante del aristócrata al que, nada menos, llega a dedicar un capítulo de la obra. Particularmente relevante es lo referido al por entonces conde de Barajas como jefe de un pelotón de fusilamiento, del que se le hizo responsable como a varios más de su categoría en aquellos tiempos.

Los sublevados habían tomado León un día después del golpe militar del 18 de Julio apresando a varias autoridades republicanas provinciales y locales, representantes sindicales y de partidos políticos y de empresas estatales. Uno de los apresados fue el capitán del ejército Juan Rodríguez Lozano, abuelo del ex presidente José Luis Rodriguez Zapatero, que se había mantenido fiel al orden constitucional ante la sublevación militar y que, junto con otros, sería fusilado el 18 de agosto. Pero el grueso de todas esas personas apresadas, tras un juicio sumario que les sentenció a muerte, fueron fusiladas en la madrugada del 21 de noviembre del 1936. La investigación de Carlos J. Domínguez deja probado que el responsable de esta última ejecución, una fila de 15 hombres en el mismo paredón, fue el alférez Tristán Falcó y Álvarez de Toledo; que lo fuera de algunas otras más en aquélla época queda en el plano de la conjetura.

En aquella madrugada del 21 de noviembre «Tristán Falcó permanece de pie, en el centro del portón de descarga, como cerrando el paso por si alguien tuviera tentaciones de cometer una locura con la que nadie sueña, dejándose empujar por los tirones del camión, abrazado con discreción a la barandilla, sujetando su creciente desasosiego con el pulgar enganchado en el cinturón de cuero, vigilando con el rabillo del ojo la discreta pero evidente presencia de luces en varias casas y contraventanas sin cerrar o persianas a medio plegar que delatan el interés vecinal por el pequeño secreto a voces de lo que está a punto de ocurrir», escribe el autor del libro.

Tristán Falcó moriría el 13 de febrero de 1938 en Portalrubio (Teruel). Sus restos reposan en el Panteón de Fernán Núñez, en Alameda de Osuna.

La historia no es el conjunto de los hechos acaecidos en el tiempo pasado, sino una interpretación de los mismos a través un uso del lenguaje fundamentado en conceptos de carácter ético-político. Así, no es lo mismo referirse a lo acaecido el 18 de julio de 1936 como “glorioso alzamiento” que como “sublevación militar”. En este sentido, parece disonante calificar como héroe nacional a quien fuera responsable de un pelotón de fusilamiento.

2 comentarios:

Julio - casas en venta dijo...

Bueno para ser totalmente honesto es primera vez que escucho o leo sobre Tristán Falcó y Álvarez de Toledo... buen articulo..

Anónimo dijo...

A mi me da igual la izquierda que la derecha y no conozco a este personaje ni al abuelo de ZP, pero, lo que sí es cierto, es que, si estas personas fueron juzgadas y condenadas, el ejecutor no es responsable de nada, sino el juez que impuso esa condena. Eso es lo qe dice cualquier manual de Derecho. Otra cosa es que él hubiera matado por su cuenta a alguien. Saludos.