Queridos lectores, como ya sabréis el PSOE se halla inmerso en el periodo congresual más complicado de su historia reciente. La gran derrota electoral del 20 de Noviembre, a la que precedió la de los comicios autonómicos y municipales del 22 de Mayo, obligan un serio replanteamiento tanto de ideas como de procedimientos para que el partido vuelva a ser de nuevo un referente social y político en España. Este blog, como tampoco su autor, no debe quedar indiferente ante tal tesitura y debe optar claramente, en todo momento, por una de las opciones que tengan como fin el antes señalado.Alfredo Pérez Rubalcaba es, para mí, uno de los mejores políticos que ha alumbrado el periodo democrático español desde 1978. Este post quedaría desbordado con halagos hacia su trayectoria política entre los que se haya, y esto hay que reconocerlo siempre explícitamente, la asunción del reto imposible de ganar las elecciones generales pasadas y el gran esfuerzo que realizó en el intento. Sin embargo, y con el máximo de los respetos al compañero, la opción que representa no tiene un horizonte de futuro muy claro sino, más bien, de mantener de alguna manera el status del presente.
El PSOE ha perdido, no ya su mayoría parlamentaria y el poder municipal en casi toda España, sino que también, y esto es lo más grave, la hegemonía ideológica y cultural que tuvo en los años 80 y 90. En la actualidad, el discurso socialista ha llegado a carecer de contenido, ha llegado a ser ajeno a los problemas de la sociedad, lo que ha hecho que el partido sea una marginalidad en el debate político. No es tiempo, por tanto, de liderazgos y sí de un serio replanteamiento ideológico, de una renovación del discurso que haga que éste sea reconocible por la sociedad.
Carme Chacón ha planteado así el 38º Congreso, como un cónclave de replanteamiento ideológico, de renovación interna de estructuras, que haga del PSOE un partido más cercano a la sociedad. Ha echado por delate sus ideas antes que dar el paso para liderar el partido, lo que no deja lugar a duda de sus preferencias: es tiempo de ideas, no de liderazgos. Éstas se hayan condensadas en el manifiesto Mucho PSOE por hacer, en el cual se hace autocrítica de la acción desarrollada en los últimos años y se plantean los pilares del camino a seguir para recuperar la hegemonía perdida.
MUCHO PSOE POR HACER
El proyecto presentado, aun recogiendo la valía del diálogo en la acción política, pone líneas rojas al mismo con el fin de delimitar claramente lo que debe ser el proyecto del partido. «El diálogo –según se afirma en el manifiesto– debe ir acompañado de energía para poner freno a los poderes no democráticos que pretenden imponer sus privilegios o su moral a toda la sociedad». Tal delimitación desembocará en la necesaria autonomía de la política, instrumento básico para la consecución de una sociedad más justa. Tal proyecto se debe tener su horizonte en la reivindicación de una España plural al tiempo que unida, la protección de las clases más débiles de la sociedad mediante una fiscalidad justa y progresiva y la apuesta firme por la creación de un gobierno económico y democrático en la Unión europea.
Tal horizonte, según de desprende el manifiesto, se debe conseguir con acciones tales como la «reducción de las desigualdades sociales en paralelo a la mejora de la competitividad de la economía; la preservación y mejora de un Estado del Bienestar sólido y eficiente que asegure a los ciudadanos contra los riesgos que surgen en un mundo globalizado (en particular a través de la sanidad y educación públicas y el sistema de pensiones); la ampliación de los apoyos de la izquierda a los emprendedores y las clases medias; la salvaguarda de un planeta habitable para las próximas generaciones; o la lucha contra las injusticias globales como la hambruna y la pobreza extrema».
El proyecto interno que debe conseguir los objetivos propuestos para por crear una organización que pueda asumir la realidad intergeneracional de la sociedad y que permita a los militantes ganar en autonomía para conseguir una más estrecha conexión con la misma. Esto conlleva la creación de una estructura permeable, nunca monolítico, sino abierto a las cambiantes condiciones de la realidad social y económica. Por otro lado, es necesario que la participación y democracia interna del partido sean fiel reflejo de las aspiraciones que en este ámbito tiene la propia ciudadanía.
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