miércoles, 14 de diciembre de 2011

La Iglesia de San Pedro Apóstol, en Barajas, orgullosa de su placa franquista

Queridos lectores, retornamos hoy sobre el tema del franquismo y los horrendos recuerdos que en varios sitios de España hemos heredado de tan oscura etapa. Ayer, en una conversación con un amigo, me comentaba que la placa franquista que luce en la fachada de la Iglesia de San Pedro Apóstol, sita en el Casco Histórico de Barajas, parecía haber sido rehabilitada con el fin de que se pudiera leer su leyenda, hasta ahora ilegible por el desgaste ocasionado por los años.

Acompaño esta entrada con una foto tomada hoy mismo y en la que, efectivamente, parece notarse la obra de un cincel que, profundizado en los surcos, posibilita que la inscripción de la placa pueda leerse como menor dificultad. Os trascribo su leyenda:

CAÍDOS POR DIOS Y POR ESPAÑA
José Antonio Primo de Rivera
Mariano Acero S     Eugenio Sánchez R
Mariano Sánchez R    Ángel Manso G
¡¡PRESENTES!!

Por supuesto, el yugo y las felchas, símbolo de la Falange Española, que no falte.


A continuación, trascribo los apartados 1 y 4 del artículo 15 de la Ley de Memoria Histórica, para que vosotros mismos saquéis conclusiones:

Artículo 15. Símbolos y monumentos públicos.

1. Las Administraciones públicas, en el ejercicio de sus competencias, tomarán las medidas oportunas para la retirada de escudos, insignias, placas y otros objetos o menciones conmemorativas de exaltación, personal o colectiva, de la sublevación militar, de la Guerra Civil y de la represión de la Dictadura. Entre estas medidas podrá incluirse la retirada de subvenciones o ayudas públicas.

4. Las Administraciones públicas podrán retirar subvenciones o ayudas a los propietarios privados que no actúen del modo previsto en el apartado 1 de este artículo.

domingo, 4 de diciembre de 2011

El PSOE plantea un congreso de mero maquillaje


Decía Antonio Machado que «en política solo triunfa quien pone la vela donde sopla el aire; jamás quien pretende que sople el aire donde pone la vela». De alguna forma, esta cita histórica resuena como un eco sordo en estos momentos en los que el Partido Socialista prepara su Congreso Ordinario del mes de Febrero. Y es que, tras el absoluto desastre electoral, parece abrirse una encrucijada fruto de la insoslayable pregunta «¿qué hacer ahora?»; de la respuesta que se dé a tal demanda dependerá el futuro, no ya inmediato, sino en un medio y largo plazo del  PSOE. Seguramente, el poeta sevillano se pararía ante tal pregunta, como si en ella se escondiese una trampa para incautos; merodearía la misma y no le daría respuesta tan a la ligera como parecen querer dársela algunos sectores socialistas. Preguntas tan sencillas requieren una meditación inusual.

El «¿qué hacer ahora?» al que se enfrenta el PSOE puede ser abordado de dos formas. Por un lado, se puede componer una respuesta unitaria a tal problema; se puede ver en el ahora un punto temporal desde el que discurrirá el tiempo por venir, desde el que se avanzará hacia el futuro. El hacer, por ende, se entenderá como el plexo de acciones que el partido emprenderá de cara a ese futuro que se abre a partir de ahora. Sin embargo, por otro lado, antes de componer una respuesta, tal pregunta podría ser analizada, descompuesta, en sus puntos determinantes. Así, el ahora, lejos de ser un mero punto temporal, devendría en el actual estado en el que se halla la sociedad; estado cuyo estudio y análisis debe ser previo al hacer, mediatizado siempre por la meditación anterior. Así pues, antes que hacer, configurar una nueva acción política, estudiar el ahora, nuestra sociedad.

Como cualquier síndrome depresivo, el del PSOE no tiene unas notas que lo hagan particular. El fracaso electoral ha activado el mecanismo de autodefensa psíquica colectiva haciendo en el discurso general de cuadros orgánicos e institucionales intente recoger el bálsamo de los tradicionales valores de la izquierda, el recuerdo de exitosos congresos pasados o el del refuerzo de la herramienta básica, el partido; es decir, se emite un discurso claramente dirigido al interior del partido. Curiosamente, ni simpatizantes ni militantes de base, por regla general, parecen compartir tal discurso; su vida cotidiana, la misma que la de todos los ciudadanos de a pie, les hace ver lejano el discurso de aquéllos en quienes han depositado la confianza. En definitiva, consideran el hacer que se fija para el futuro no tiene nada que ver con el ahora que viven.

Así, por ejemplo, se habla constantemente de recuperar los valores de la izquierda, los que presuntamente se ha perdido en la acción gubernamental que ha gestionado la crisis. Pero, ¿a qué valores se refieren? En la sociedad actual no existe la dicotomía izquierda-derecha que se está proponiendo desde el Partido Socialista. No existe, en primer lugar, una base para sostenerla desde la tradicional dicotomía patrón-obrero; el empresariado medio sufre la crisis igual que todo ciudadano, mientras que la clase obrera, como tal, ha dejado de existir para convertirse en una amalgama desestructurada de técnicos y especialistas. Tampoco encuentra asiento, en segundo lugar, en la dicotomía público-privado; a fin de cuentas, las relaciones entre los dos sectores en la sociedad y economía española es algo absolutamente asumido por la gran mayoría de los ciudadano, lo cuales no atienden tanto a quién les da un servicio sino al cómo lo reciben. Siendo éste igual en calidad y en coste, la primera preocupación desaparece.

El refuerzo del partido, otro de los mantras internos del PSOE en estos días, podría devenir en un veneno letal para el futuro. Los dos frentes que han hundido a los socialistas en las urnas han sido el desempleo y la crisis del bipartidismo; la utilización de este argumento por partidos relativamente cercanos a su espectro político ha producido la consolidación de una tendencia multipartidista que había irrumpido en la sociedad española desde hace algún tiempo. Se comete un error al identificar el crecimiento de tales partidos por el desencanto del votante socialista solamente; tal ascenso denota, por un lado, que el desgaste de las ideologías tradicionales está dando lugar a una búsqueda de nuevas opciones políticas por parte de los ciudadanos y, por otro, en consecuencia tal demanda está siendo recogida por otras formaciones que ofrecen un discurso más en sintonía con los nuevos tiempos. Partidos políticos que, aun con una base sociológica tradicional como el caso de Izquierda Unida, son más susceptibles, por contar con una estructura interna más flexible, a las demandas de la sociedad.

Lo más fácil, en un momento de profunda depresión psíquica, es mirar hacia dentro y buscar dulces asideros que, como cualquier opiáceo, nos oculten la cruda realidad con la que tenemos que lidiar. Por tanto, el PSOE parece plantear congreso a la defensiva, un cónclave en el que el maquillaje político tendrá protagonismo sobre el análisis de la situación actual de la sociedad y la configuración de una acción política acorde con lo que ésta demanda. Y es que, como decía Erasmo de Rotterdam, «la mente humana está formada de tal manera que es mucho más susceptible a la falsedad que a la verdad».
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