miércoles, 29 de junio de 2011

Españistán y el Debate sobre el Estado de la Nación

Queridos lectores, la resaca del último Debate sobre el estado de la Nación está compuesta por varios momentos del último cara a cara que protagonizaron José Luis Rodríguez Zapatero, quien ya no se presentará a la reelección como Presidente del Gobierno, y Mariano Rajoy, líder del principal partido de la oposición. Pero, desde mi punto de vista, el cual queda en cierto modo corroborado por la publicación en el diario EL PAÍS del artículo La Fábula de Españistán, firmado por Javier Casqueiro, el centro de atención del mismo fue la discusión sobre la herencia que los gobiernos del PP habían dejado al actual.

En este sentido, mientras Mariano Rajoy acusaba al Presidente de dilapidar la mejor herencia económica de la historia de España, este último espetaba que tal legado, el de la sobredimensión del sector inmobiliario, la comúnmente llamada burbuja inmobiliaria, no había sido más que una dura hipoteca para el futuro de la economía española. No sólo eso, en uno de los momentos del debate, Zapatero, asumió su responsabilidad por no haber pinchado tal burbuja a tiempo, lo cual, a mi parecer, le honra como gobernante y político.

Flotaba en el ambiente, eso sí, un vídeo del dibujante Aleix Saló, una pequeña obra maestra de carácter didáctico en el que se documentaba de forma muy sencilla cuáles habías sido las causas y cuál el devenir de la aludida burbuja. Ya véis, queridos lectores, que no sólo ha tenido repercusión este vídeo entre los seguidores del 15M y demás internautas. No os lo perdáis.

viernes, 24 de junio de 2011

La Mujer Muerta, de Manuel Rico

“No existen las cartas que no llegan a su destinatario.
Ni el tiempo, si las palabras o las formas y colores no lo salvan de la muerte”.

Es comparable el reto de empezar a escribir sobre La Mujer Muerta, de Manuel Rico, con el de disfrutar de su profunda lectura, imbuirse de las problemáticas que nos presenta a través de sus páginas. En las antípodas de la linealidad expresiva, la obra recorre la abrupta orografía de la sierra pobre madrileña, lo escarpado de sus cumbres y lo profundo de sus valles, como un espejo de la complejidad actual del individuo, de la tragedia que se desarrolla en su escenario interno, haciéndole al lector objeto de meditados asaltos de preguntas por nuestra sociedad actual y el lugar, o no-lugar, del individuo en ella, por el papel de la obra de arte en la creación de otros mundos, por las lábiles estructuras que sustentan nuestro concepto de realidad o por la necesidad, rayana en lo existencial, del compromiso político, a través de un cuidado lenguaje pictórico que deja entrever la cromaticidad y el ambiente de las situaciones en las que se desarrolla la acción.

El combate entre el nihilismo de la vida moderna, el servilismo a la lógica empresarial y de mercado y su ambientación en el escenario opresor de una gran ciudad, y el deseo de reapropiación del yo por parte del individuo, de reencontrarse consigo mismo, ya de por sí una problemática con la suficiente entidad como para estructurar una novela, es sólo el paisaje de fondo desde donde se abren los surcos que se adentran en un mundo interior, el del Gonzalo Porta, un afamado pintor figurativo, en el que se plantean reflexiones aun más profundas. Es allí, en el escenario de la tragedia, donde el individuo nunca es el protagonista de la comedia, donde se plantean con rigor las dificultades de mantener la unidad de la propia conciencia.

Rico parece recrear la reflexión heideggeriana sobre la obra de arte al invitar a las palabras contenidas en los libros, los de Robert Scybila y Jaime Zarco, y a las pinceladas de la propia obra pictórica de Gonzalo Porta a ocupar un protagonismo trascendente respecto de la acción que desarrollan los personajes: “ni el tiempo [existe], si las palabras o las formas y colores no lo salvan de la muerte”. La obra de arte levanta un mundo, lo des-cubre, abre el pasadizo para que podamos llegar a él; su presencia, las de las palabras o las formas y colores, la de las obras de arte, abre el claro en el que aquel aparece. Son ellas, en definitiva, la condictio sino qua non de su existencia. Pero el mundo abierto es un mundo histórico, un ser epocal, como diría el propio Heidegger; la obra se concibe como testigo de su tiempo, de ahí la equiparación de estos dos conceptos, mundo y tiempo, en La Mujer Muerta.

La puesta en paralelo de los mundos, el abierto por la obra de arte y el actual vivido por los personajes, nos sumerge en la pregunta que lo hace por la realidad, siguiendo el hilo conductor de los aparentes desórdenes psiquiátricos de quien se halla en la evanescente frontera entre ambos. ¿Llamamos realidad al mundo en que vivimos cotidianamente en contraposición al fantástico abierto por la obra?, ¿implica la existencia de gradaciones de la realidad la convivencia de ambos mundos?, ¿o, por último, llamamos realidad a la vivencia transeúnte entre ambos? Manuel Rico nos induce a un replanteamiento del mismo concepto de realidad, a través de lo que comúnmente denominamos desorden psiquiátrico, siguiendo el hilo de una reflexión existencial que lleva al individuo, alejándolo de la concepción del mismo como un estático e incólume yo, a su conversión al nomadismo.

Pero el verdadero suelo de La Mujer Muerta, el fondo en el que descansa su trama, es la metáfora del compromiso político, la recuperación de la memoria histórica, un sordo murmullo que reposa inmanente en el decurso de sus páginas y que adquiere la brillante sonoridad de un grito en su último acto, llamada que nos apela a todos los lectores. Las sutiles reminiscencias bartlebianas que laten tras el texto de la obra afloran de forma contundente: “no existen las cartas que no llegan a su destinatario”, y, podríamos añadir, ni quien las escribe si éstas no son recibidas. Las apelaciones de los propios olvidados a su propio recuerdo, sus gritos desde el pasado, requieren respuesta por nuestra parte: el recuerdo es su existencia.

Podéis acceder a un interesantísimo comentario sobre al génesis de la obra por su propio autor, PINCHANDO AQUÍ.

martes, 21 de junio de 2011

15M - Teoría del Estado


"El hombre es la medida de todas las cosas"

(Protágoras)

Al margen de la opinión que se pueda tener sobre la convocatoria de un referéndum por parte del movimiento 15M, no deja de tener interés analizar la información que desde, llamémosla así, página oficial de dicha consulta, se hace llegar a todos los rincones de nuestro país a través de la red. Particular atención suscita la analogía que el movimiento establece entre el complejo institucional del Estado y la instalación de un elemento del mobiliario casero en 5 sencillos pasos. Ruego prestéis atención a las instrucciones de la mencionada instalación del Estado-mueble PINCHANDO AQUÍ.

Toda comparación, toda analogía, encubre un posicionamiento ético, una definida toma de postura ante la situación que es objeto de la misma, en este caso el Estado. En este artículo, lejos de pretender ser exhaustivo y minucioso en el análisis, y bajo una interpretación de dicha analogía, se pretende establecer ciertos principios que subyacen a la misma, algo así como establecer las bases de una TEORÍA DEL ESTADO DEL 15M. Pasemos pues a establecer estos principios.

1 – DIMENSIÓN HUMANA DEL ESTADO. No es baladí que se compare la construcción de la estructura institucional de Estado con la instalación de un elemento de mobiliario de una vivienda. Los muebles de la misma siempre están diseñados teniendo en cuenta las dimensiones físicas del ser humano y las capacidades de movilidad del mismo. El Estado, siguiendo la argumentación de la analogía, debe tener esta misma dimensión, ajustada a estas dimensiones, a la capacidad de acción, percepción y análisis del ciudadano, entendido éste en cuanto portador de derechos y deberes. Tal analogía encubre una crítica a la actual sobredimensión del complejo institucional de Estado y de las organizaciones internacionales, ante la cual el ciudadano se siente empequeñecido e insignificante en el devenir de su cotidiana vida socio-política. Se huye, por tanto, del mito del Leviathan hobbesiano acudiendo a la indeleble frase de Protágoras, “el hombre es la medida de todas las cosas”.

2 – UTILIDAD PARA EL CIUDADANO. De la misma forma que la esencia del mobiliario reside en su utilidad para el ser humano, la del Estado debe hacer reposar la suya en el mismo principio. La estructura institucional del Estado, su base económica, el sistema de representación política, los poderes de estado, debe estar al servicio de los intereses del ciudadano, nunca éste ser un medio para los objetivos institucionales. El Estado debe ser la solución, nunca el problema. Subyace la idea de una ruptura entre las instituciones y el ciudadano, de la existencia de un abismo entre unas y otro, el cual no se ve representados sus intereses fielmente en la actuación de aquéllas. La sobre dimensión del estado, de la que hemos hablado en el apartado anterior, ha sido la causa por la que sus instituciones han adquirido una autonomía propia respecto del ciudadano, acabando por ser éste más útil a ellas que éstas a él.

3 – FLEXIBILIDAD, ADAPTABILIDAD. El construir un Estado a medida del hombre, de la misma forma que están diseñados los muebles, conlleva de dotar a su complejo institucional de una flexibilidad que le haga ser adaptable a las cambiantes necesidades del ciudadano: tal complejo debe llevar ínsita la capacidad de adaptación a nuevas situaciones económicas y sociales. De ahí que, mientras el mobiliario de nuestros hogares tiene varios elementos regulables, las instituciones del Estado deben también llevara aparejados instrumentos que las alejen de la rigidez que, en determinados momentos históricos, pueda desembocar en su inutilidad.

4 – EQUILIBRIO Y JUSTICIA. Sin embargo, la flexibilidad del complejo institucional no debe ir en detrimento de la solidez de la infraestructura en la que se apoya, la base económica. Dejado de lado el componente marxista de esta idea, la propiedad de los medios de producción es la condicionante de la vida social y política del Estado, si es necesario dejar claro que esta infraestructura debe estar presidida por el equilibrio entre las partes, el cual da un significado más amplio, más allá del meramente jurídico, al concepto de Justicia. Aquí subyace la idea que la relación entre los agentes sociales (empresas, trabajadores, banca) debe fundamentarse en la idea de simbiosis: no se niega que cada uno pueda tener sus intereses económicos particulares, pero sí que estos prevalezcan sobre el resto de los agentes. La acción individual de cada uno de estos debe tener siempre en cuenta el objetivo último, dotar de un firme apoyo al Estado.

Cerramos este análisis con el único fragmento que se ha podido recuperar de Anaximandro. Está referido a esta idea amplia de justicia expuesta en el último párrafo, y da a entender la necesidad fundamental de equilibrio entre las partes del todo, del sistema, so pena de una acción correctora que actuará con el tiempo:

Donde tuvo lo que es su origen, allí es preciso que retorne en su caída, de acuerdo con las determinaciones del destino. Las cosas deben pagar unas a otras castigo y pena de acuerdo con la sentencia del tiempo.


domingo, 19 de junio de 2011

La Dictadura del Anonimato

El 15M: movimiento político
o fenómeno de masas


Siempre resulta chocante leer que la crisis que la metafísica occidental arrastra desde el primer tercio del siglo XIX ha tenido como fundamental consecuencia la desaparición del concepto de sujeto (subiectum), al que, desde un plano psicológico, podríamos emparentar con la conciencia individual, con el yo. Sin embargo, si bien no muchas personas están dispuestas a mantener tal aseveración, la actual cultura social nos demuestra una y otra vez que tal concepto, el de sujeto, es ya un mero vestigio del pasado del que no nos desprendemos por la necesidad de tener un asidero, ya ficticio, con el que afrontar el acontecer cotidiano. Ayer leía este pequeño artículo en El País de Juan José Millás, Horizontalidad, que hizo disipar en mí cierta neblina sobre alguna idea que andaba madurando días atrás sobre el interesante en muchos aspectos movimiento del 15M.

El movimiento, en sí, no dice nada nuevo; nadie que medianamente se halle insertado en la sociedad en la que vivimos puede sorprenderse al leer los manifiestos y propuestas del 15M. Unos y otras no son otra cosa que la cristalización de una infinidad de conversaciones acaecidas en bares, en plazas, en descansillos de escalera, enautobuses,… que, por su cotidiana reiteración, y a pesar de su evanescencia, habían creado un firme sustrato en la opinión pública, hasta entonces no publicada. Este sordo lamento no era de nadie, no tenía dueño sino que, más bien, se adueñaba de todos; la palabra no era emitida y recibida a continuación, la palabra atravesaba de una forma caótica y en todas las direcciones a todo individuo, convertido así en su mero portador. La palabra sin dueño, el anonimato.

Pero lo que sí nos lleva a la sorpresa en el 15M es que tal anonimato no ha quedado atrás con la cristalización, con la publicación se podría decir, de esa opinión pública; no ha habido nadie que se apropie de tal palabra para liderar así el movimiento, sino que ha sido tal palabra la que en sí lo lidera. El anonimato, de esta forma, se ha institucionalizado, ha puesto rostro a todos y cada uno de los individuos, ahora piezas del engranaje, de la misma forma que la palabra les pone voz.

Sería interesante discutir cuales son las causas de ese anonimato querido, casi redentor, del 15M. De alguna forma parece ser paralelo a la invisibilidad del “enemigo”, a las tramas de carácter económico y financiero que, condicionando de forma global y sin ningún control institucional la vida sociopolítica de los estados, escapan a la percepción social y al análisis cotidiano de cualquier ciudadano medio. El anonimato de la calle frente al financiero. Pero, expresado así, no deja de ser una simpleza propia de un lejano observador, pues tal anonimato es buscado incesantemente dentro del mismo movimiento, de la misma forma que cualquier organización al uso busca, utilizando su estructura institucional, un líder que abandere su proyecto.

El mismo hecho de la necesidad de consenso en la toma de postura en las asambleas convocadas, de su obligatoriedad casi enfermiza, refuerza con más vigor la búsqueda de ese anonimato. No hay oportunidad para la individualidad del disidente, ni siquiera para la ligera tonalidad que pudiera ofrecer el matiz a lo ya consensuado: la asamblea decide, nadie queda atrás, la palabra impera y el individuo se desvanece. La obligatoriedad del consenso refuerza el ansiado anonimato que, como el mejor de los bálsamos, protege contra el "temido" liderazgo, contra la asunción de responsabilidad por parte de un individuo, o de un grupo, dentro del propio movimiento. No dejan de asomar reminiscencias de la simbólica diferencia nietzscheana entre las vigorosas aves rapaces y los débiles corderos, quienes recelosos de las primeras se conjuran contra ellas conjuntándose en rebaño protector. Sobre este aspecto, podéis leer La Genealogía de la Moral.

Pero siendo los hechos los que son, independientemente de cualquier apreciación, nos asaltan ciertas preguntas que, en el fondo, inquieren sobre el futuro del 15M. Si bien éste se concibe como un movimiento de clara raigambre política, en un sentido básico de la palabra, la autodecapitación del líder, el ave rapaz que dotaría de acción y dinamismo a la palabra, quien haría posible que cristalizase en hechos, redunda más que en la consecución real de los mismos en la petrificación de los lemas y slogans. El movimiento corre el riesgo de dejar de ser político para devenir en un fenómeno de la cultura de masas, en un hito sociocultural, como en su día lo fueron el rock o el punk, con el que identificarse de forma anónima, en el que diluir placidamente la individualidad, el yo. Son muchas las preguntas que se deben responder dentro del movimiento, pero esta, la que lo hace por su propia naturaleza es quizá la más fundamental y, posiblemente, la más difícil.

miércoles, 15 de junio de 2011

La Fábula del Banquero


Hacia la banca ética

Queridos lectores, como diría Sigmund Freud, "todo chiste, en el fondo, encubre una verdad". De ahi que, siendo la pretensión de esta entrada contar una gran certeza, os deje esta entretenida fábula que me ha hecho llegar vía mail mi amigo José Luis Coronado.

Una tarde, un famoso banquero iba en su limusina cuando vio a dos hombres a la orilla de la carretera comiendo césped. Preocupado, ordenó a su chofer detenerse y bajó a investigar. Le preguntó a uno de ellos:
- ¿Por qué están comiéndose el césped?
- No tenemos dinero para comida. - dijo el pobre hombre - Por eso tenemos que comer césped.
- Bueno, entonces vengan a mi casa que yo los alimentaré - dijo el banquero.
- Gracias, pero tengo esposa y dos hijos conmigo. Están allí, debajo de aquél árbol.
- Que vengan también. - dijo nuevamente el banquero.
Volviéndose al otro pobre hombre le dijo:
- Ud. también puede venir.
El hombre, con una voz lastimosa dijo:
- Pero, Sr., yo también tengo esposa y seis hijos conmigo!
- Pues que vengan también. - respondió el banquero.
Entraron todos en el enorme y lujoso coche. Una vez en camino, uno de los hombres miró al banquero y le dijo:
- Sr., es usted muy bueno. Muchas gracias por llevarnos a todos!!!
El banquero le contestó:
-¡Hombre, no tenga vergüenza, soy muy feliz de hacerlo! Les va a encantar mi casa.... ¡El césped está como de veinte centímetros de alto!

MORALEJA: Cuando creas que un banquero te está ayudando, piénsalo dos veces.

Estoy seguro que os ha gustado tanto como grande ha sido la desazón que os ha dejado toparos con la dura realidad económica de todos los días. No obtante, quisera dejaros una ventana abierta a la eseranza en estos tiempos convulsos. Poded atención a este vídeo.



Más sobre la banca ética PINCHANDO AQUÍ

jueves, 9 de junio de 2011

El "road show" de Beatriz Corredor

Londres, Amsterdam, París, Frankfurt, ayer Moscú... sólo queda la vista a Estocolmo para completar la primera fase del road show programado por la Secretaría de Estado de Vivienda y Actuaciones Urbanas, dependiente del Ministerio de Fomento, cuyo objetivo primordial es dar salida al stock de viviendas generado durante la burbuja inmobiliaria producida por las políticas económicas de los gobiernos del PP.

El término road show es un tecnicismo importado del mundo financiero y hace alusión a los contactos que una entidad debe mantener antes de sacar al mercado su producto. Importada al sector público es, sin duda, una iniciativa pionera. Así, la Secretaria de Estado, Beatriz Corredor, se ha centrado en esta primera fase en ofrecer a los inversores extranjeros toda la información sobre las reformas legislativas impulsadas en nuestro país, las cuales redundan en conferir al sistema español de una mayor seguridad jurídica, y sobre la actual situación del sector inmobiliario. La segunda fase tendrá el objetivo, previa selección de los inmuebles, de ofrecer el producto en sí a los inversores extranjeros.

Podéis acceder a más informaciónsobre el ajuste del sector inmobiliario español PINCHANDO AQUÍ

UN PROBLEMA HEREDADO

La Ley del Suelo promovida por el Gobierno de Aznar en 1998, que convertía el territorio español en todo un solar apto para construir, y toda una batería de deducciones fiscales para la compra de vivienda, hicieron que nuestro país se sumergiera en lo que se dio en llamar burbuja inmobiliaria. Ésta generó un stock de viviendas vacías que en la actualidad se cifra en casi 700 mil, y que supone un verdadero lastre para el sector inmobiliario y, en general, para el resto de la economía.

viernes, 3 de junio de 2011

Filosofía en el Tocador, del Marqués de Sade


"¡Qué jornada más buena! Nunca como mejor ni duermo tan tranquilo como en esos días en los que me he manchado suficientemente con lo que los imbéciles crímenes"

Quizá sea la frase final de Filosofía en el Tocador (1795) una de las que mejor resuman su esencia: la satisfacción conseguida a través de las acciones que otros conciben como crímenes, contrarias a la moral instituida, se vislumbra como fin último del libertino, el que trasgrediendo todos los valores sociales, el Bien, se reafirma desde el Mal. La frontera entre uno y otro no sólo queda borrada, sino que sus respectivos significados quedan traspuestos de tal forma que el Mal acaba ocupando el lugar del Bien.

El Mal como afirmación humana frente a Dios se concibe, en esta obra sadiana, sobrepasando el Deísmo ilustrado, la subsunción del concepto de Dios bajo el de la Naturaleza, para ofrecer la total supremacía de ésta frente a aquél. Son ahora las reglas de la Naturaleza las que rigen, las únicas válidas, frente a las de Dios, las impuestas en nuestra sociedad de forma artificial y convencional. El texto de Sade propone, en consecuencia, un despliegue sin límites de deseo, fuerza que toda sociedad debería canalizar y controlar. Pero el goce procurado por la satisfacción del deseo, lejos de ser el resultado de un arrebato pasional puntual, sigue rigurosamente toda una minuciosa metodología, lo que le permite mantener dentro del máximo placer una frialdad y apatía de fondo.

La finalidad educativa de Filosofía en el Tocador no sólo queda patente en la forma en que está escrita la novela, un diálogo entre los educadores y Eugenia, la adolescente que es corrompida hasta el más alto grado, sino en la metodología propuesta por la misma: el goce, la satisfacción del deseo, es pormenorizadamente justificado en orden a las leyes de la Naturaleza, ofreciendo una teoría sobre el mismo. El "Divino Marqués" no sólo pretende trasgredir los valores sociales convencionales, sino sustituirlos por unos nuevos que reafirmen al ser humano frente a Dios.

En fin, un libro que os recomiendo enormemente; estoy seguro que durante su lectura volveréis en más de una ocasión los ojos hacia vosotros mismos y recordaréis alguno de vuestros más recónditos pensamientos, que os hará meditar si la diferencia entre el Bien y el Mal no es más que un mero convencionalismo social.



Más sobre el Marqués de Sade y su obra PINCHANDO AQUÍ