El 15M: movimiento político
o fenómeno de masasSiempre resulta chocante leer que la crisis que la metafísica occidental arrastra desde el primer tercio del siglo XIX ha tenido como fundamental consecuencia la desaparición del concepto de sujeto (
subiectum), al que, desde un plano psicológico, podríamos emparentar con la conciencia individual, con el
yo. Sin embargo, si bien no muchas personas están dispuestas a mantener tal aseveración, la actual cultura social nos demuestra una y otra vez que tal concepto, el de sujeto, es ya un mero vestigio del pasado del que no nos desprendemos por la necesidad de tener un asidero, ya ficticio, con el que afrontar el acontecer cotidiano. Ayer leía este pequeño artículo en El País de Juan José Millás,
Horizontalidad, que hizo disipar en mí cierta neblina sobre alguna idea que andaba madurando días atrás sobre el interesante en muchos aspectos movimiento del 15M.
El movimiento, en sí, no dice nada nuevo; nadie que medianamente se halle insertado en la sociedad en la que vivimos puede sorprenderse al leer los manifiestos y propuestas del 15M. Unos y otras no son otra cosa que la cristalización de una infinidad de conversaciones acaecidas en bares, en plazas, en descansillos de escalera, enautobuses,… que, por su cotidiana reiteración, y a pesar de su evanescencia, habían creado un firme sustrato en la opinión pública, hasta entonces no publicada. Este sordo lamento no era de nadie, no tenía dueño sino que, más bien, se adueñaba de todos; la palabra no era emitida y recibida a continuación, la palabra atravesaba de una forma caótica y en todas las direcciones a todo individuo, convertido así en su mero portador. La palabra sin dueño, el anonimato.
Pero lo que sí nos lleva a la sorpresa en el 15M es que tal anonimato no ha quedado atrás con la cristalización, con la publicación se podría decir, de esa opinión pública; no ha habido nadie que se apropie de tal palabra para liderar así el movimiento, sino que ha sido tal palabra la que en sí lo lidera. El anonimato, de esta forma, se ha institucionalizado, ha puesto rostro a todos y cada uno de los individuos, ahora piezas del engranaje, de la misma forma que la palabra les pone voz.
Sería interesante discutir cuales son las causas de ese anonimato querido, casi redentor, del 15M. De alguna forma parece ser paralelo a la invisibilidad del “enemigo”, a las tramas de carácter económico y financiero que, condicionando de forma global y sin ningún control institucional la vida sociopolítica de los estados, escapan a la percepción social y al análisis cotidiano de cualquier ciudadano medio. El anonimato de la calle frente al financiero. Pero, expresado así, no deja de ser una simpleza propia de un lejano observador, pues tal anonimato es buscado incesantemente dentro del mismo movimiento, de la misma forma que cualquier organización al uso busca, utilizando su estructura institucional, un líder que abandere su proyecto.

El mismo hecho de la necesidad de consenso en la toma de postura en las asambleas convocadas, de su obligatoriedad casi enfermiza, refuerza con más vigor la búsqueda de ese anonimato. No hay oportunidad para la individualidad del disidente, ni siquiera para la ligera tonalidad que pudiera ofrecer el matiz a lo ya consensuado: la asamblea decide, nadie queda atrás, la palabra impera y el individuo se desvanece. La obligatoriedad del consenso refuerza el ansiado anonimato que, como el mejor de los bálsamos, protege contra el "temido" liderazgo, contra la asunción de responsabilidad por parte de un individuo, o de un grupo, dentro del propio movimiento. No dejan de asomar reminiscencias de la simbólica diferencia nietzscheana entre las vigorosas aves rapaces y los débiles corderos, quienes recelosos de las primeras se conjuran contra ellas conjuntándose en rebaño protector. Sobre este aspecto, podéis leer
La Genealogía de la Moral.
Pero siendo los hechos los que son, independientemente de cualquier apreciación, nos asaltan ciertas preguntas que, en el fondo, inquieren sobre el futuro del 15M. Si bien éste se concibe como un movimiento de clara raigambre política, en un sentido básico de la palabra, la autodecapitación del líder, el ave rapaz que dotaría de acción y dinamismo a la palabra, quien haría posible que cristalizase en hechos, redunda más que en la consecución real de los mismos en la petrificación de los lemas y
slogans. El movimiento corre el riesgo de dejar de ser político para devenir en un fenómeno de la cultura de masas, en un hito sociocultural, como en su día lo fueron el
rock o el
punk, con el que identificarse de forma anónima, en el que diluir placidamente la individualidad, el
yo. Son muchas las preguntas que se deben responder dentro del movimiento, pero esta, la que lo hace por su propia naturaleza es quizá la más fundamental y, posiblemente, la más difícil.