miércoles 23 de noviembre de 2011

Con el desierto por delante

Decía José Saramago que «la derrota tiene algo positivo, nunca es definitiva. En cambio la victoria tiene algo negativo, jamás es definitiva». Resulta tentador acogerse en estos días a esta célebre cita desde las filas del PSOE, si bien, aun encerrando una gran verdad política, asumirla como lema podría hundir a nuestro partido en lo más profundo de las caricias de Morfeo. El carácter provisional de una y otra, derrota y victoria, no es un hecho en sí, sino un horizonte de trabajo que debe encauzar desde ya un nuevo proyecto socialista en España. 

Se comenta en todos los mentideros políticos que la nueva composición de las Cortes españolas se debe, más que a una victoria del PP, a una derrota del PSOE. Los votos socialistas que no se han quedado en la abstención, los más, se ha repartido en un amplio espectro de opciones políticas que van desde el centro derecha (UPyD) hasta la izquierda ecologista (Equo), sin olvidar la ortodoxa (IU). En definitiva, un castigo en toda regla del propio electorado. 

No hay tanto acuerdo en las causas. Por un lado, unos estiman que los efectos de la crisis económica han hecho mella de por sí en este gobierno, como también lo hacen en otros gobiernos europeos. Por otro, hay quienes argumentan que ha sido la propia política del gobierno, alejada de los cánones de izquierda para supeditarse a las exigencias de mercados, la causa principal de la desafección. Por último, están los que piensa que más que la crisis económica ha sido la crisis de credibilidad del gobierno que, sabiendo de la gravedad de la situación, la maquilló hasta el último momento. 

Victoria sin peros del PP, derrota sin paliativos del PSOE; se abre un proceso de profunda reflexión dentro de las filas socialistas que desembocará en el Congreso Ordinario a celebrar en el mes de Febrero. De muy poco sirve recordar los importantes avances sociales producidos durante estos años de gobierno en España pues la crisis económica mundial ha configurado una nueva realidad hasta ahora desconocida en los países europeos y, por ende, en España. Esta nueva situación obliga a un replanteamiento sin precedentes, no ya en el plano político, sino también en el ético: un nuevo concepto de ciudadanía y de acción política deben ser configurados. 

Algunos plantean cierto continuismo, quizá pensando que asirse a lo seguro, a nuestro recienete acervo político, es el mejor medio para atravesar el duro desierto que el PSOE afronta. Otros plantean una verdadera revolución desde las bases del partido, las cuales, según se comenta en este convulso tiempo, están más preocupadas por un nuevo proyecto que la cúpula del partido, que fija su atención en las personas. Las dudas dentro del propio partido aumentan según se genera el debate. Tradición o refundación, he ahí el dilema. Quizá Tito Livio tenga la solución: «cuando la situación es adversa y la esperanza poca, las determinaciones drásticas son las más seguras».

1 comentarios:

Marisu dijo...

Las causas de la derrota son múltiples y todas deben de ser muy seriamente consideradas.Hay que ser generosos ... hasta la dureza en la autocrítica, porque autocomplacencia ya siempre tenemos de sobra.Hay que ser generosos y pensar en alumbrar ideas y olvidarse de los personalismos.Solo así la gente podrá creer que nos procupa: si de verdad nos preocupan más sus problemas que el silloncito de este o aquella.Esto es tan difícil de llevar acabo, que va a ser muy difícil reconstruir la credibilidad.Llevo diciéndolo tantos años como llevamos bajando. Y no me juego nada.Solo siento pena por mi Partido y por lo que nos espera.Un abrazo David.Otra vez desde Ourense.