
Si los extraterrestres existen,
dónde están?
(Enrico Fermi)
dónde están?
(Enrico Fermi)
Nos adentramos hoy, queridos lectores, en el no tan frívolo tema de la existencia de civilizaciones extraterrestres, uno de los mitos de la era atómica. Digo esto último pues tal problemática se suscita a raíz del empleo por el ser humano de la energía de este tipo en los diversos campos de actuación, sobre todo en el bélico (Hiroshima), por lo que una de las vertientes que por ahora no tocaré será la ético-religiosa. Nos centraremos en la vertiente del posible conocimiento de tales civilizaciones, o de seres de ellas provinientes, a raíz de la famosa Paradoja de Fermi, cuyo enunciado frotispicia esta entrada.
La respuesta a la pregunta planteada por el físico italiano comúnmente se apoya en la alta probabilidad, dada la vastedad del universo, de la existencia de otros planetas en los que las condiciones ambientales (temperatura, presión, gravedad, fuente de energía constante) favorezcan la existencia de vida y el desarrollo de la misma hasta un nivel cultural aceptable. Tal argumentación queda recogida en la famosa ecuación de Drake, concebida por tal astrónomo con el fin de estimar el número de civilizaciones extraterrestres que, en la Vía Láctea, tuvieran capacidad, como la nuestra, de realizar emisiones de radio detectables. Así pues, tal detección sería el dato sensible que nos llevaría contactar con otra civilización distinta de la nuestra.
Exceptuando la señal Wow!, recogida el 15 de Agosto de 1977, de dudosa procedencia, no ha sido recibida ninguna otra por los instrumentos de recepción al efecto que nos lleven a afirmar si quiera la posibilidad de la existencia de estas civilizaciones. Quienes siguen apostando por ésta arguyen varias teorías con las que se intenta salvar la paradoja de Fermi.
Pero más allá de los datos sensibles, la problemática adquiere un trasfondo lógico-fenomenológico que hace de toda aseveración sobre la existencia de tales civilizaciones sea, desde mi punto de vista, una falacia:
1- IMPLICACIÓN ONTOLÓGICA: Se entiende por tal el compromiso de un discurso con la existencia real de un determinado ser; cuando alguien dice, por ejemplo, "hay un coche rojo aparcado en la calle", tal enunciado lingüístico se compromete con la existencia de tal objeto, siendo, por otra parte, corroborado ostensiblemente. Sin embargo, para corroborar el aserto "existen civilizaciones extraterrestres" se utiliza un razonamiento estadístico que, por definición, no se compromete con la existencia real de objetos o situaciones, señalando únicamente la probabilidad de su acaecimiento. La argumentación estadística no tiene implicación ontológica.
2- ESSE EST PERCIPI: Argumento básico de la actual filosofía fenomenológica, George Berkeley (1685-1753) acuñó tal principio con el fin de disipar toda la problemática acarreada desde el cogito cartesiano. Así, ser es ser percibido, o, dicho de otra forma, todo lo que existe lo es por su percepción por los sentidos; lo que no es percibido, de una u otra manera, no existe. De esta forma, quienes postulan la existencia de civilizaciones extraterrestres chocan contra el muro de su hasta ahora nula percepción; así, si todo conocimiento del mundo empírico se obtiene a través de la percepción directa, la aseveración de aquélla cae, lejos de en el conocimiento, en la mera creencia.
Concluyendo, podemos decir que la Paradoja de Fermi, apoyándose en estos dos principios básicos de la lógica y la fenomenología, obliga a cualquiera que afirme la existencia de civilizaciones extrarrestres a completarlo con el lugar donde están. La existencia de una entidad determinada conlleva su corporeidad y, por tanto, su ubicuidad en el espacio.
Más información sobre la Paradoja de Fermi AQUÍ
5 comentarios:
¿Y cómo se mide la intelectualidad? Si digo X es una persona inteligente, ¿cómo lo demuestro? Porque de este post se desprende que como muchos grandes científicos no pueden situar “en el plano” una civilización extraterrestre, ésta simplemente no existe, y ellos no son más que chiflados (en el mejor de los casos), no siendo por tanto inteligentes. El problema de la localización reside en un factor: el Universo es tan grande, que el ser humano no puede (aunque quiera) representarlo: ni mentalmente ni gráficamente. Si, por ejemplo, adoptamos la teoría de Penrose de que el Universo actual es una sucesión del anterior (y el actual será el antecesor del siguiente), todo resulta aún más complicado. Es decir, que asegurar que para hablar de civilizaciones extraterrestres hay que poder localizarlas, no es sino el fiel reflejo de que los árboles no dejan ver el bosque. De hecho, lo que la ciencia nos enseña es que la existencia de civilizaciones extraterrestres debe hacerse a “sensu contrario”, en consecuencia, existen salvo que se demuestre lo contrario. La ecuación de Drake no tuvo en cuenta diversos factores hoy conocidos. Asimismo, las estimaciones actuales parten de la distancia de un planeta a su estrella, lo que posibilita la existencia de agua. ¿Qué hay de los sistemas binarios? ¿No puede haber formas de vida sin agua? ¿Y si la información enviada por civilizaciones extraterrestres se quedó atrapada en un agujero negro, no pudiendo escapar de él, y se perdió para siempre en el “pop” de Hawking? Mucho me temo que este blog no podrá resolver el mayor enigma de la Humanidad, aunque es de esperar que al menos no manipule su respuesta.
Estimado amigo anónimo.
En el fondo no haces más que caer en el sofisma de asegurar un hecho, la existencia de civilizaciones extraterrestres, por la probabilidad estadística devenida de la inmensidad espacial del universo. Las afirmaciones estadísticas no se compromente en ningún momento con la existencia real de un ente.
No he dicho en ningún momento tampoco que la negación de la existencia de tales civilizaciones sea debida a su falta de ubicuidad, sino a la no perceción de ninguna señal perceptible sobre ellas.
Me parece muy fácil tu postura de admitir a sensu contrario la existencia de un hecho sin dar ninguna prueba de la misma. Eso lo hace cualquiera.
Este blog no manipula respuestas, pues tampoco las da; sólo hace preguntas, quizá algo incómodo para algunas personas. Parece que no te ha sentado muy bien leerlo; no sé si tienes familia en otro planeta.
Acostumbraté, por último, a indentificarte con tu nombre; no dejes anónimos.
Saludos.
Hola David,
Me voy alejar del tema que propones, respecto al contenido me interesa relativamente, aunque reconozco y recuerdo ciertas elucubraciones de juventud bastante divertidas y gratificantes. (Y miradas nocturnas, de madrugada, por la ventana)
Lo que hoy más me interesa es el aspecto filosófico—lógico-fenomenológico, lo llamas—del tema de hoy.
La implicación ontológica como concordancia entre lo dicho y lo real lo estoy empezando a enfrentar a los modelos—quizá estadístico, véase los experimentos de inferencia de ondas-partículas—de la mecánica cuántica. Soy neófito en esta materia, pero me parece que el paradigma del concepto de verdad como concordancia entre el decir y el ser se tambalea un poco, pues no siempre lo que explica la ciencia coincide con nuestra visión intuitiva del mundo. ¡Qué claro era el mundo de Newton!
Y, por otro lado, en relación a la percepción, si bien es cierto que una parte importe del conocimiento científico se basa en ella—al final la ciencia se caracteriza por tener un método y un objeto—no debería servir para infravalorar aquello que no alcanza a percibir, es más una parte del avance científico se basa en idear posibilidades y teorías sobre lo aún no percibido.
En este sentido imagina la siguiente situación: si mañana, durante un chequeo rutinario, a alguien le diagnostican por primera vez—hasta ese momento jamás percibido—un cáncer en fase terminal cuál debería ser nuestra conclusión, ¿qué dicho mal existía previamente o no?
Como siempre,
Un saludo
Juan
Juan:
No es que la implicación ontológica sea la concordancia entre lo dicho y la realidad, sino el compromiso que el hablante con su enunciado con la existencia de un ente. Las afirmaciones probabilisiticas carecen de ella. En los modelos de mecánica cuántica se llega a dudar de la existencia de la realidad, pues toda experimentación depende de la observación realizada, no de entidad existente.
En cuanto al ejemplo que pones sobre el cáncer, una vez percibido existe, pues sólo existen, fenomenológicamente hablando, las percepciones.
Buen día, Juan. Gracias por tus comentarios.
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