En general, el primer objetivo de este proceso de limpieza será la restauración de una cierta relación saludable y natural, y en segundo lugar, la eliminación en puestos específicos e importantes para el Estado de aquellos elementos en los que no se puede confiar la vida o la muerte de del Reich. Porque en los años venideros inevitablemente tendremos que tomar precauciones para asegurarnos de que, por razones elevadas de Estado, ciertos acontecimientos no sean revelados al resto del mundo y sigan manteniéndose en secreto.
Extracto de la carta de Adolf Hitler a Hindenburg
(5 de Abril de 1933)
Si el holocausto judío durante la II Guerra Mundial estaba o no premeditado por Hitler y los nazis durante su ascenso y posterior consolidación en el poder en Alemania, es la pregunta que recorre tácitamente las páginas de la obra de Saul Friedländer,
El Tercer Reich y los Judíos (1933-1939);
tal volumen adquiría diez años después el subtitulo de
Los Años de Persecución tras la aparición de la segunda parte, la que aborda el genocidio entre 1939 y 1945, subtitulada a su vez
Los Años de Exterminio.
Lo que parece quedar claro es que la patología que llevó al holocausto no fue en ningún modo individual, la de Hitler y sus allegados políticos, sino que ésta se debe circunscribir en una de carácter cultural en la que confluían diversos conceptos, radicados en ámbitos culturales diferentes, consolidados a través de la historia. Todos ellos llegarán a conformar una
Weltanschauung, una cosmovisión, en cuya lógica la aniquilación física del pueblo judío sólo supuso el dar un paso más.
Uno de los factores de tal cosmovisión tuvo un claro trasfondo religioso: la muerte de Cristo a manos de los judíos operaba como un símbolo con profundas implicaciones morales a lo largo de la historia contra este pueblo. En multitud de ocasiones, tanto Hitler como sus colaboradores acudían a este argumento para fundamentar su discurso. Del mismo diario de Goebbels podemos extraer esta elocuente cita: "El Führer explica la cristiandad y a Cristo. Él [Cristo] también quería actual contra la dominación judía en el mundo. Los judíos le habían crucificado. Pero Pablo falsificó su doctrina y minó la antigua Roma. El judío en la cristiandad. Marx hizo lo mismo con el sentido comunitario alemán, con el socialismo". La asimilación del judaísmo con el bolchevismo soviético, como se intuye de la última frase que escribe Goebbels, fue también una constante en el discurso nazi de preguerra que debía interpretarse en el sentido de que toda aquella amenaza hacia el Reich, la Unión Soviética era una de tantas, estaba dirigida desde la comunidad judía internacional.
Así pues, si en la visión de mundo nazi, el pueblo judío operaba a diferentes niveles, dando lugar a todo un abanico fenomenológico de amenazas contra la raza aria, la misión de III Reich contra tal enemigo oculto se encuadró en lo que con los años se denominó
Antisemitismo Redentor. Las acciones contra la cultura judía, el discurso antisemita en Europa, que tuvo su punto álgido en Alemania, venía consolidándose desde principios del siglo XIX con la irrupción del Romanticismo: el hombre se alejaba de la razón y centraba la búsqueda de su autenticidad desde el sentimiento. Tal autenticidad era distinta en función de la nación de la que era oriundo, lo que daba una peculiaridad especial al ser humano que implicaba diferencias fundamentales entre las distintas etnias. Políticamente, y en contraposición al concepto de ciudadanía emanado del racionalismo tras la Revolución Francesa, lo que devino posteriormente en el Imperio Alemán (1870) asentó su noción de ciudadanía en el
ius sanguinis (derecho de sangre), vía por la que se perpetuaba lo esencial de la nación, en este caso, alemana.

El
Antisemitismo Redentor planteaba, por tanto, un marco de actuación que salvaguardaba la esencia de la raza aria. Las Leyes de Nüremberg de 1935 marcaron todo un hito en el antisemitismo al regular, en varios aspectos de la vida social, la pertenencia y el grado de la misma de los individuos al pueblo judío. La imbricación entre conceptos biológicos y culturales lleva al paroxismo las teorías de la herencia lamarckianas al proponer que el contacto directo con la cultura judía trastocaba la esencia aria del individuo haciendo así que su descendencia quedara "contaminada" de por vida. La pura sangre aria era la única que podía llevar consigo y transmitir el acervo cultural alemán, por lo que se ideó todo un sistema, por un lado, sincrónico de calificación en grados entre las razas arias y judías y, por otro, diacrónico para la purificacación o, en caso contrario, envilecimiento de la estirpe. Ver gráfico adjunto.
Las leyes de Nüremberg establecieron el marco legal desde el que el Estado pudía segregar al pueblo judío del resto de la sociedad alemana. Tras su promulgación, y siempre en base a ellas, se decretan distintas acciones que incidían en esta acción segregadora principal que, desgajando poco a poco a los judíos de su vida social, cultural y económica en el Reich, condujeron a planes estatales para favorecer su emigración a paises extrangeros. Sin embargo, tales planes chocaban siempre con la negativa de los países fronterizos que, ya imbuidos por la propaganda nazi en un contexto antisemita, negaban con mayor o menor grado la entrada de los judíos emigrantes por sus fronteras. Bolsas de individuos despojados de todo sustento económico empezaron a confinase en campos de concentración y guetos que, en pequeña escala, puso en marcha el Reich progrexivamente desde 1934.
En definitiva, la visión del mundo nazi se reducía a una lucha de carácter apocalíptico entre la raza aria y la judía, ambas portadoras de valores morales y culturales que se correspondían respectivamente con el Bien y el Mal. El futuro de la humanidad, según los nazis, pasaba por salir victorioso de tal última confrontación que se manifestaba en múltiples formas. La imbricación de los planos cultural y biológico, que han sido referenciados más arriba, hacía que la aniquilación física del pueblo judío no estuviera separada de un abismo de la eliminación de sus bases morales y culturales.