
Queridos lectores, siempre me he sentido intrigrado al contemplar la imagen que flanquea estas palabras; se trata de una litografía de la Escalera de Penrose realizada por el geómetra y artista Morits C. Escher. El modelo matemático-geométrico representa una escalera que, como podéis ver, hace que quienes la utilizan estén en un continuo ascenso, o descenso, sin salirse del decurso infinito de sus escalones. Imaginad por un momento que sois uno de los extraños personajes que deambulan por tal escalera; seguro que pensaréis que siempre estáis subiendo cuando, en realidad, estáis en la misma horizontal.
Hace un tiempo inicié una serie sobre los problemas epistemológicos del discurso político (si queréis acceder a aquella primera reflexión podéis pinchar
AQUÍ). A raíz de pensar algo sobre el significado de la Escalera de Penrose, en caso de que lo tenga, he creído oportuno desgranar un comentario sobre el peligro que supone encerrarse en un discurso determinado, como las extrañas figuras de la escalera siempre suben sin moverse, y la necesidad de plantear la posibilidad de falsear tal discurso.
Conveníamos en su día que un discurso, en sentido amplio, no es otra cosa que un sistema conceptual, lo que incluye una sintaxis propia para interconectar los conceptos y una semántica de los mismos, con el cual interpretábamos la realidad. Es este discurso, así constituído, el que configura nuestro mundo. Pero una vez llegados a este punto surge una cuestión metodológica que, en el plano político y social, adquiere unos marcados tientes éticos: qué método seguiremos para confrontar nuestro discurso con los fenómenos que nos ofrece la realidad? Quizá sea una excesiva simplificación de la cuestión decir que la metodología nos ofrece dos vías: el verificacionismo y el falsacionismo.

El verificacionismo se apoya la regla de inferencia conocida en lógica como
modus ponendo ponens (es decir, modo que afirmando afirma): si A entonces B, y se da el caso que A, entonces B. Un ejemplo, si esta soleado es de día, y está soleado, entonces es de día. Fijaros, queridos lectores, que la metodología verificacionista trata, de alguna forma, para corroborar las conclusiones buscar las premisas idóneas para que éstas se cumplan. De forma contraria, el falsacionismo opera mediante la regla del
modus tollendo tollens (modo que negando niega): Si A entonces B, y se da el caso contrario de B, en entonces es falso que A. Utilizando el ejemplo anterior, si está soleado es de dia, pero no es de dia, luego no esta soleado. El falsacionismo, como podéis ver, opera buscando resultados que puedan falsear la premisa propuesta.
Desde el punto de vista lógico tal explicación queda bastante fría, pero sin nos sumergimos en el campo del discurso político podréis ver que la diferencia en la utilización de un método u otro es crucial para la evolución de aquél. El verificacionista político, llamémosle así, siempre se apoyará en las premisas de su discurso, el los postulados de su ideología, teniendo la seguridad que aplicando la mera lógica las conclusiones, los efectos de la aplicación de aquellos, sucederán de forma necesaria. El falsacionista político opera al contrario: buscará las condiciones que falseen los postulados de su discurso, un contraejemplo de los mismos, con el fin de corroborarlo, en caso que no sea refutado, o repensarlo, en caso contrario.
Las implicaciones éticas de la aplicación de una u otra metodología se dejan sentir de forma bastente ostensible. Desde mi punto de vista, el verificacionismo lleva al político, también al científico, a encerrarse en su propio discurso, a subir eternamente la Escalera de Penrose, en definitiva, a instalarse en las palabras en lugar de investigar en la experiencia social. El falsacionismo, por operar siempre de forma contraria a aquél, se apoyará en los datos de la experiencia empírica con el fin de poner en cuestión los postulados del discurso, el cual quedará siempre como una conjetura en espera de ser falseado por la empiria. El falasacionisma político se apoya más en su propia experiencia que en la palabras y postulados de su discurso.
El falasacionismo, corriente metodológica instaurada por
Karl Popper, es núcleo esencial, desde mi punto de vista, de la praxis marxista en el sentido que el ser humano propuesto por Marx, en su constante contacto con la realidad a través de los medio de producción, ve alterado su marco ideológico con la modificación que él mismo produce en aquélla. Tales modificaciones se convierten en potenciales refutaciones de la estructura ideológica emanada de la anterior situación.
Así que, como podréis haber entendido,
Peón de Brega os invita a no encerraros en vuestro discurso y, siendo falascionistas, intentar refutarlo; no sólo llegaréis a consolidarlo, en caso de que vuestros postulado no se vean contradichos, sino a vislumbrar otros posibles mundos, otras formas de ver la realidad, en el caso contario. Asimismo, recomienda que os leáis uno de los mejores libros de Karl Popper,
Conjeturas y Refutaciones.
Espero que paséis una buena semana